Qué malo es perder la serenidad, dejarse arrastrar por la iracundia, perder los estribos con facilidad, el norte y todo lo demás, olvidar las razones que te hacen sonreír, olvidar aquello que te hace feliz, cambiar la personalidad.
Propósito de enmienda: no voy a dejar que un tropiezo me amargue el día, no voy a dejar que se agrie mi carácter, no voy a dejar que la mala suerte nuble mi mente, me tomaré un momento para meditar y buscar esa luz que ilumine mi camino y que me permita ver una salida al final del túnel, que siempre hay algo por lo que merece la pena luchar, vivir la vida al fin y al cabo, pequeños instantes de felicidad.
Qué fácil sería aplicar la máxima de no hacer a los demás lo que no quieras para ti, pero la falta de civismo nos ha convertido en unos cabrones vengativos.
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