En esta era de la globalización, uno acaba por rendirse a las masas y empezar a utilizar historias que le permiten comunicarse (en algunos casos) con alguien que de otra manera resultaría totalmente imposible, y abandona la fórmula clásica de la carta en favor de otras que llegan al instante con una fiabilidad del 99,9% (a veces la tecnología también falla). Y por eso he sucumbido y me he entwittado (y lo gracioso es que no soy el único).
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