sábado, 10 de diciembre de 2011

Katrina

En este apasionante e inhóspito mundo de la música uno nunca deja de sorprenderse, y descubrir a pesar del paso de los años discos que en su momento perecieron injustamente olvidados, cantantes de enorme valía y entereza, artistas de toma pan y moja. Así, por un azar del destino, me encuentro con Katrina Elam, más dulce y melosa que Faith Hill, pero con su misma garra y gallardía. Katrina grabó en el 2004 un disco homónimo de enorme brillantez, abogando por el “country” más elitista y refinado, ajena a la tónica habitual imperante en Nashville. Escucharlo a día de hoy resulta un auténtico hallazgo, como un pan recién horneado, emparentado con el reciente y magistral “Wildflower” de Lauren Alaina, éste más vigoroso. Ver hoy a Katrina es como reencontrarse con aquella magnética Belinda Carlisle que invadía nuestras pantallas al poco de separarse de su mítico grupo. Katrina es adorable y encantadora, y se hace querer, y de esta guisa quién puede evitar quererla, quién puede dejar pasar la oportunidad de escuchar su música, de gozar con ella.

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